viernes, 24 de agosto de 2012

En la JMJ de Madrid Miguel Ángel Cañas decidió ser sacerdote, Carmen Desmonts y Fátima García recuperaron la fe y Mª José y Miguel Ángel se prometieron en matrimonio

Os dejamos aquí estos testimonios. Son algunos de los frutos del encuentro mundial de jóvenes con el Papa cuando se cumple un año de su celebración. Esperemos que os gusten:



22 de agosto de 2012.- (Ángeles Conde - J. de Aldecoa / La Razón / Camino Católico) El pasado año, y apenas cuatro días antes de llegar a España, Benedicto XVI expresaba desde Castel Gandolfo su deseo de que la JMJ de Madrid 2011 produjera «abundantes frutos espirituales». En muchos de aquellos que participaron en la JMJ, los días de agosto en Madrid han dejado una marca indeleble en la historia de sus vidas. Algunos recobraron la fe perdida; otros, la alegría que les había sido arrebatada; hay quien descubrió su vocación al servicio de Dios y de los hombres, y, para otros, fue el germen de sus familias. En uno de los fines de semana más calurosos en Madrid, la lluvia en la Vigilia alivió el calor e hizo que muchos se desprendieran del «hombre viejo». Con razón, Benedicto XVI exclamaba: «Vuestra fuerza es mayor que la lluvia». Esa fuerza tira de la Iglesia. La JMJ trajo vocaciones a la vida consagrada, matrimonios y fuerzas renovadas.
 
Cada 2 años, el Papa se reúne con los jóvenes. En agosto de 2011, el encuentro se produjo en Madrid. Un año después, los frutos de aquella visita son palpables. Muchos jóvenes se sintieron interpelados y ahora cuentan cómo la JMJ cambió su vida.

Miguel Ángel Cañas, seminarista: «Sentí la llamada al sacerdocio, me dejé en manos de Dios»


La familia Cañas nunca pensó que en un lapso de tiempo tan corto les cambiaría tanto la existencia. El punto de inflexión está marcado por su entrada en el Camino Neocatecumenal. El verano pasado decidieron vivir en familia la JMJ. Para Miguel Ángel, el cambio estaba a punto de suceder. Durante el encuentro que celebran los neocatecumenales en el marco de la Jornada, Miguel Ángel reconoció la llamada al sacerdocio. «Era como que algo había cambiado, como una puerta que se había abierto», reconoce el joven de 15 años que, desde la JMJ, se prepara en el seminario Redentoris Mater de Pamplona. Miguel Ángel recuerda bien el momento en que todo cambió: «Tomé la decisión de dejarme en las manos de Dios. Miré a mi padre y pregunté qué pasaba si subía a recibir la bendición que se imparte a los que deciden consagrarse a Cristo. Mi padre me miró y me dijo: «¿Quién soy yo para decirte que no?».

Carmen Desmonts, joven reconvertida: «Pedí la fe y me vinieron dos cazos. Me reconvertí»


Después de pasar 9 meses hospitalizada e incluso haber recibido la unción de enfermos, Carmen prácticamente abandonó la Iglesia. En ese período de desierto, la vocación de una de sus primas fue ayudándola a volver poco a poco pero, en realidad, fue la JMJ la que de nuevo «le enganchó», aunque ella sólo pensaba en que vería al chico que le gustaba. Recuerda que uno de los momentos más intensos fue cuando vio pasar al Papa por las calles de Madrid el día que llegó: «Empecé a llorar como una magdalena». Pero lo realmente impactante para ella fue la Vigilia de Cuatro Vientos: «Pedí la fe y me vinieron dos cazos. Pensé entonces que los cristianos no somos nada raros». La JMJ fue para ella una reconversión instantánea, tanto que, a la semana siguiente del encuentro, ya tenía un director espiritual, algo que nunca había tenido. «En la JMJ me reconvertí y sentía la necesidad de contarlo».

María José y Miguel Ángel, recién casados: «Sacó un anillo en la vigilia y me pidió matrimonio»


María José y Miguel Ángel pasaron varios meses de intenso trabajo preparando diferentes actividades de la JMJ. Ambos, con una intensa vida de fe, ansiaban la llegada del encuentro con Benedicto XVI. Durante los días en Madrid, apenas se vieron porque ella se encontraba en una punta de la capital y él, en la otra. Coincidieron el sábado y el domingo durante el encuentro y la vigilia. La noche del sábado al domingo es uno de los momentos que difícilmente se borrarán de sus memorias. «Mientras el Papa daba la bendición, con el Santísimo expuesto en la custodia de Arfe, Miguel Ángel sacó temblorosamente la mano del bolsillo y me preguntó si quería casarme con él», narra María José. «Yo respondí que sí». Él había preparado la proposición dos días antes. Después de un año y medio juntos, era el momento. Entró en una capilla, rezó y lo vio claro. María José y Miguel Ángel se casaron el pasado 17 de marzo y ahora esperan a su primera hija.

Fátima García Salazar, joven que recuperó la fe: «Participar en los preparativos me sacó del pozo».


Para Fátima, la JMJ fue una medicina para el alma. Dos años antes, su hermano Luis, de 15 años, falleció repentinamente. Su fe se resintió y pasó un año de confusión, enfado, rabia y desconsuelo. En 2010 decidió inscribirse como voluntaria en la JMJ. «Participar en los preparativos me sacó del pozo», recuerda. La gente que conoció, el ambiente de ilusión, las charlas previas al encuentro…esos elementos crearon la fórmula que le permitió recuperar la sonrisa. El colofón lo pusieron los días de agosto en Madrid. Fátima, que iba a haber asistido a la JMJ con su hermano, nunca había participado en uno de estos eventos; como ella misma reconoce, «las palabras del Papa parecían dirigidas a mí en muchas ocasiones. Son días que no hubiera cambiado». Ella, que tuvo a su hermano muy presente, dice que, tras la JMJ «mi estado de ánimo y mi fe han mejorado. La JMJ me ha enseñado que puedes volver a creer».

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